Pintura «Los cubos de la memoria»

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Los datos

• Localización: Escollera del puerto pesquero de Llanes.

Autor: El artista vasco Agustín Ibarrola (Bilbao, 1930) nació en el seno de una familia obrera y compaginó en sus comienzos el trabajo en la fábrica con el arte. En su formación pictórica fue básico el magisterio ejercido por Ruiz Blanco y Vázquez Díaz. Experimentó con material diverso: cartón, cera, cortezas de árboles, traviesas de ferrocarril, piedras calcáreas... Fue miembro fundador del Equipo 57, en París; allí se relacionó con el grupo Arts y Recherches Visuelles, interviniendo en disputas teóricas. Entre sus obras destacan el «Bosque pintado» (Valle de Oma, Vizcaya) y distintas esculturas existentes en autopistas, parques públicos o estaciones de ferrocarril. Ha sido distinguido con la medalla de oro al Mérito en el Trabajo, que recibió en Madrid el 27 de septiembre de 2001, y anteriormente con galardones como el Premio Francés de la Crítica (1996) y la medalla de oro de las Bellas Artes (1993), en Madrid.

Equipo de trabajo: Agustín Ibarrola ha contado con un equipo de trabajo para acometer la ejecución de este importante reto artístico, del que han formado parte algunos jóvenes artistas llaniscos y trabajadores de empresas locales.

Promueve: Ayuntamiento de Llanes.

Ejecución: dos fases. 1ª fase: julio a octubre de 2001; 2ª fase: julio a octubre de 2003.

Presupuesto: 50 millones de pesetas.

Financiación: externa al Ayuntamiento de Llanes. Obra artística patrocinada por la Consejería de Infraestructuras y Política Territorial y la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias, la Caja de Ahorros de Asturias y empresas privadas.

Visita: Gratuita.

Ibarrola crea un paisaje nuevo en el puerto de Llanes, «Los cubos de la memoria»

El artista vasco Agustín Ibarrola ha concluido las dos fases de un gigantesco mural: «Los cubos de la memoria». La primera, localizada en la parte del dique orientada hacia el Sur, se realizó entre julio y octubre del año 2001. La segunda, en el dique Norte, se comenzó a finales de julio y finalizó durante la primera quincena del mes de octubre de 2003, siendo inaugurada el 7 de noviembre de dicho año por Ibarrola, quien pretende crear «una montaña mágica de color alrededor del puerto».

Con «Los cubos de la memoria» Ibarrola ha creado un paisaje nuevo en el puerto de Llanes. Se trata, además, y según sus palabras, «de arte público en el más amplio sentido de la expresión».

La obra es un compendio de nuevos conceptos artísticos resultado de una pormenorizada investigación llevada a cabo por el artista vasco. «Los cubos de la memoria», por tanto, no se puede contemplar ni como un cuadro ni como una escultura, conforma un concepto nuevo del arte en el que el espectador participa interrelacionándose con los múltiples temas, tanto figurativos como no figurativos, engarzados por una estructura ajustada a la geometría de los cubos y a la discontinuidad de sus aristas, prismas y superficies.

Se trata de una intervención artística con distintos niveles de interpretación, pero abierta a todos los públicos.

Por acuerdo del Ayuntamiento de Llanes, el alcalde, Antonio Trevín Lombán, encargó a Ibarrola que llevara a cabo esta actuación en la que el artista pinta en la superficie de los bloques de hormigón tres memorias distintas o mejor una memoria de tres caras que queda encapsulada en los bloques: la memoria del arte, la memoria del artista y la memoria del territorio.

Las pinturas realizadas en la primera fase sobre más de 300 caras de cubos y, también, en algunas piedras de la escollera, presentan multitud de composiciones, que pueden ser observadas desde los más diversos puntos de vista próximos o lejanos, desde tierra o desde el mar. La tridimensionalidad, el colorido y los efectos ópticos, aprovechando el oleaje y las mareas, forman parte de los múltiples atractivos diferenciales de «Los cubos de la memoria».

A partir de ahora, el espigón del puerto pesquero de Llanes tendrá, según Agustín Ibarrola, un fuerte impacto internacional, tanto por sus dimensiones como por su originalidad y, también, «porque será mi obra más poderosa».

La empresa danesa HEMPEL, con fábrica en Cataluña, sirve desde su delegación de la Zona Norte en España la pintura y el apoyo técnico necesarios para la realización del proyecto. HEMPEL dispone de una división especializada en pinturas industriales marinas para plataformas petrolíferas, barcos, buques, etc.

«Los cubos de la memoria», cuya primera fase fue inaugurada y abierta al público a comienzos de octubre de 2001, se ha convertido en un elemento dinamizador de primer orden para la actividad cultural y turística del municipio llanisco, en el «icono universal de Llanes» (Antonio Trevín).

La puesta en valor de la obra alcanzará su verdadera dimensión con la aplicación de un conjunto de acciones complementarias que parten del indudable poder de convocatoria de la propia intervención artística y de su capacidad para despertar el interés del viajero por conocer los lugares del municipio que fueron motivo de inspiración para algunos de los temas plasmados por Ibarrola en los bloques.

ARTISTA INTERDISCIPLINAR

Las pinturas sobre los grandes y apilados bloques de este espigón portuario tienen variadas composiciones, con un tratamiento estético capaz de componer una obra integrada a modo de potente mural o de poderoso conjunto escultórico policromado de variados escorzos, que se puede contemplar desde diversos puntos de observación, próximos o lejanos. Es la obra de un artista interdisciplinar, como se considera a sí mismo el propio Ibarrola: «Ni estrictamente pintor, ni exclusivamente escultor, ni por supuesto arquitecto del paisaje como algunos afirman».

«LOS CUBOS...

Las pinturas, tanto figurativas como no figurativas, se engarzan siguiendo una estructuración que el artista ajusta a la geometría de los cubos de hormigón y a la discontinuidad de sus aristas, prismas, volúmenes y superficies, para producir diversos efectos ópticos y conceptuales.

... DE LA MEMORIA»

El conjunto multifacético de «Los cubos de la memoria» refleja unos contenidos en tres dimensiones:

—La memoria del Arte, simbolizada en esos códigos prehistóricos que emergen puntualmente en una rotunda creación plástica de vanguardia.

—La memoria del artista, que transmite desde esta obra una síntesis de su larga y fecunda trayectoria creativa, en la que continuamente ha experimentado formas y posibilidades expresivas.

—La memoria del territorio, resaltada en los temas figurativos que dedica Ibarrola a enraizar su obra, representando algunos de los referentes más significativos de la naturaleza, de la prehistoria y de la historia marinera, rural, urbana y emigrante del concejo de Llanes.

UN RETO EN DOS FASES

La intervención de Ibarrola, que él mismo considera el mayor reto artístico al que se ha enfrentado hasta el momento, se ha desarrollado en dos fases. La primera la realizó en el frente interior de la escollera del puerto (cara sur). La segunda la llevó en el frente que da a mar abierto (cara norte), coordinándose esta segunda actuación con las obras emprendidas por la Consejería de Infraestructuras del Gobierno del Principado de Asturias para defender ese frente exterior del puerto de los embates del mar con nuevos bloques de hormigón.

MIRADORES

La primera fase de la intervención se aprecia desde el mismo puerto, casi tocando los colores, y se contempla desde el «mirador» inmediato del antiguo «Tendedero de redes» junto al faro, así como desde otros puntos progresivamente más alejados: Puerto Chico, Punta de Toró, Ballota..., actualmente unidos por un itinerario peatonal. Este circuito de «miradores» se complementa con la senda que recorre la Sierra Plana de Cue (Campo de Golf / Capilla del Cristo), dando vista continua a la villa de Llanes y su entorno. La intervención sobre los cubos a mar abierto (cara norte) también se observa desde el puerto y desde la playa del Sablón y la punta del Paseo de San Pedro, o en barco desde el mar.

En estos observatorios, y siguiendo el recorrido que los une, Ibarrola considera que el espectador activo, en un ejercicio estimulante y lúdico, podrá cargarse de energía sensual, visual y estética, al contemplar la obra y el paisaje marino que la rodea desde distintas posiciones, construyendo el caminante (o el navegante) un espacio plástico propio con sus desplazamientos.

RUTAS DE LA MEMORIA

Los diversos tratamientos artísticos y las diversas simbologías plasmadas por el artista en esa triple dimensión de «Los cubos de la memoria» (arte, artista y territorio) podrán reconocerse siguiendo «Las rutas de la memoria», guía cultural ilustrada destinada a divulgar su obra una vez concluida.

Especial atención se dedicará en estas «rutas» a la «memoria» del territorio, a explicar la influencia en el paisaje llanisco de la historia y de la cultura, los usos y las costumbres, o las creencias religiosas y mitológicas. Porque para Ibarrola «el paisaje ha sido construido por el hombre desde que existe; el paisaje que vemos todos los días tiene la geometría que el hombre le ha venido dando a lo largo de toda la Historia». «Los cubos de la memoria», además de despertar el interés por el Arte y por la trayectoria del artista, pretende propiciar entre los viajeros el interés por explorar el territorio que visitan. En este sentido, Ibarrola desea que su obra artística sea una invitación, una invitación permanente a descubrir, conocer e interpretar un paisaje humanizado, plural y potente, como es el paisaje llanisco.

OMA, ALLARIZ, LLANES, CUENCA DEL RHUR

«Los cubos de la memoria» convierten a Llanes en la bisagra asturiana de las principales actuaciones realizadas por Ibarrola, durante las dos últimas décadas, en espacios abiertos de la cornisa cantábrica, al estar equidistante de su «Bosque pintado» (1983-1987) del Valle de Oma (Vizcaya), y de su «Piedras y árboles» (1999) realizada en Allariz (Orense).

A la intervención de Llanes siguió la realizada a finales de 2002 en la cuenca minera alemana del Rhur, en el marco del programa de reconversión cultural de esa comarca europea que dirige el belga Gérard Mortier. Allí las viejas traviesas ferroviarias, trabajadas artísticamente por Ibarrola, se sitúan en la cima de una escombrera de carbón formando un gran semicírculo que, recortándose sobre el horizonte, sirve de fondo totémico para un teatro al aire libre excavado en esa colina de origen minero.

GEOMETRÍA, ESPACIO, ARTE, VIDA

En la larga trayectoria artística de Agustín Ibarrola varían los materiales que utiliza, desde los óleos y el papel, a las traviesas de madera, el hierro y el acero, los árboles, las rocas o los cubos de hormigón, materiales todos ellos en los que, según el artista, habitan la memoria y el deseo, la cultura industrial y el tótem primitivo, la arqueología y la ternura. Cambia de materiales, pero siempre hay en él una constante creatividad, con la geometría como punto de apoyo y el espacio como tensión y desafío, que aplica a esos grandes formatos que pinta —lo dice Ibarrola— para relacionarse «con las estrellas, la vida y las personas». Porque su obra surge de un proceso físico, intensamente vivido por este autor, que busca la participación y la correspondencia activas de sus semejantes.

Los estudiosos de la obra de Ibarrola consideran que es en los espacios abiertos, al aire libre, en la Naturaleza, donde este artista combina más intensamente racionalidad y fantasía, donde elabora su discurso más depurado de la geometría y la comunicación, donde, en suma, establece con más vigor su compromiso permanente con el arte y la vida, desde una humildad y una valentía que conmueven. Porque en esos espacios abiertos —como afirma el crítico Juan Ángel Vela del Campo, buen conocedor de la personalidad y de la obra de Ibarrola— «no hay lecturas retóricas. Todo es transparente. Y a la obra de arte, a la colosal aula abierta de las formas y los colores, se unen los pájaros, las tormentas, el viento y las nieblas, en un proceso de integración tan estimulante como intimista».

(Fuente: Alberto Pardo, responsable de comunicación. Ayuntamiento de Llanes.)

Algunas reflexiones del autor sobre la obra

El puerto de Llanes está rodeado de una montaña de cubos de hormigón que lo protegen. Los cubos, con sus vértices y aristas dispuestos para romper las fuerzas de las olas, crean un paisaje caótico e irregular, una montaña hueca llena de cavernas que han de absorber la enorme fuerza del mar Cantábrico.

La mar rompe al borde de la montaña de cubos, pero su sonido se prolonga por el interior hasta debajo de donde pintamos. Así es que tanto el sonido como las vibraciones de los cubos de sesenta toneladas han influido en esta pintura.

Yo no quise ver solamente las paredes de los cubos. Esas paredes se inclinaban en diversas direcciones formando pequeñas y grandes agrupaciones con espacios reducidos, íntimos, y con espacios muy abiertos y amplios, ofreciendo puntos de visión muy cambiantes. Pintar sobre las múltiples superficies de una impresionante cantidad de cubos ya ha sido por mi parte una primera elección de soporte poco convencional.

Ante este mundo de cubos de geometría idéntica a la de cualquier otro puerto en cualquier lugar de la Tierra he contemplado el paisaje de Llanes y de Asturias, y he querido que mi pintura contenga algo de la historia de sus gentes. Así, en los rincones más apropiados he recogido sus pinturas milenarias, sus formas de vegetación relacionadas con su desarrollo económico, sus herramientas de trabajo, la emigración, personajes y leyendas.

Por eso he querido que mis cubos no fueran solamente geometría conceptual. La geometría la he desarrollado desde mi memoria estética comprometida con mi tiempo, que está presente en mis pinturas, grabados, esculturas, bosques y rocas.

Esta montaña artificial de hormigón sumerge parte de su dimensión con las mareas, lo cual me ha hecho considerar las partes que debía cubrir de color y las que debía dejar sin pintar. Además he debido seleccionar cuidadosamente los cubos que van a estar más tiempo sumergidos produciendo efectos ópticos, como los peces que se mueven o los ojos que nos miran desde el fondo del mar. (...)

La acumulación de cubos produce una gran acumulación de colores y líneas donde los conjuntos se perciben sin orden aparente, pero generando sorprendentes composiciones. En estas condiciones, los cubos tienden a perder su propia geometría e incorporan la parte pictórica general de todos ellos. Es entonces cuando se hace más presente que, en obras como ésta, no existe una única mirada frontal. (...)

Algunas de las caras de los cubos no están cubiertas de color para sacar partido del color y materialidad propias del hormigón. En este punto debo decir que la elección de los distintos colores, el peso asignado a cada uno de ellos y su papel en el conjunto de la obra han sido de una profunda reflexión. La relación entre un cubo y otro es muy compleja, porque unas veces es en base a un solo color y otras con colores muy variados.

Pero las identificaciones fundamentales en esta obra las establecen las líneas rítmicas espaciales. La línea tradicional suele ser el dibujo de una forma figurativa o abstracta. Yo estoy empleando líneas estructurales espacial y conceptualmente muy distintas. La línea estructural define el encuentro y las relaciones entre las distintas superficies del cubo. (...) La línea estructural sirve para establecer la relación de continuidad entre las distintas caras del cubo mediante la eliminación o alteración pictórica de las aristas. (...) De este modo, la línea estructural altera la superficie del cubo, modificando su condición de plano.

Este tipo de línea tiene cierta relación con las utilizadas en los sistemas de negativo-positivo, pero sin las derivaciones exploradas por artistas pertenecientes a los movimientos de Arte Cinético.

En presencia de colores muy contrastados, la invasión de un color por los colores exteriores a él logra interpenetraciones simples, incluso entre las diferentes caras de un mismo cubo. No obstante, sin la línea estructural, más profunda que la negativo-positivo, tales interpretaciones no alcanzarían la suficiente potencia de imagen capaz de alterar la geometría real de los cubos.

El tratamiento de la comunicación entre las diferentes partes del cubo es un hecho singular en esta pintura del puerto. En mis cuadros no hago exactamente lo mismo, aunque pinte con líneas estructurales. En un cuadro parto de la existencia de una sola superficie con sus límites. Los límites de las superficies nunca han sido neutros en la historia del arte. Después del Renacimiento, fundamentalmente, los límites han sido siempre tenidos en cuenta para establecer las composiciones e incluso para remarcar los ejes que indican el sentido de lo que se representa. En la actualidad, los límites de un lienzo son un campo muy activo desde el que se entra o se sale con un tipo de composición no compensatoria o no centrada. Se puede asegurar que la primera materia de la creación pictórica se halla en el mundo exterior al lienzo, en sus límites reales. Por eso, ante un lienzo en blanco, lo primero que hacemos los artistas es mover las manos y la mirada como modelando el movimiento de las cosas.

La concepción espacial desarrollada a través de la utilización de líneas estructurales en «Los cubos de la memoria» rompe el volumen real del cubo y acaba con las fronteras impuestas por las aristas entre sus distintas caras. Sin líneas estructurales, las diferentes caras de un cabo resultarían independientes entre sí, como lienzos dispuestos en sus respectivos bastidores. La línea, por tanto, no ejerce la función de dibujar una figura como si a su alrededor existiera un espacio-aire entre planos superpuestos. Una línea pintada en una cara que continúa en otra realiza una comunicación por medio de su propia torsión, así como la de los espacios que define a sus lados. La línea estructural podría representarse como una banda que conserva su espesor en todo su trazado y que se pone de canto de perfil acompañando a los espacios que se alteran en forma cóncava o convexa a cada uno de sus lados.

A mi juicio, este tipo de intervenciones artísticas están insuficientemente valoradas. Para el entendimiento artístico convencional, estas intervenciones no constituyen verdaderas obras de arte, puesto que se sitúan al margen de los valores consagrados en los circuitos comerciales y expositivos. Sin embargo, el valor de una obra de arte reside, precisamente, en los valores estéticos que contiene. La investigación acerca de la construcción del espacio pictórico mediante líneas estructurales y colores realizada en esta obra constituye su valor fundamenta


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