Basílica de Santa María la Real de Covadonga

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Patrimonio histórico
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Basílicas

La esbelta catedral-basílica de Covadonga, levantada entre 1877 y 1901 en caliza rojiza, es, por armonía, dimensiones y emplazamiento, una de las manifestaciones más atrayentes del Real Sitio. Se trata del mejor ejemplo de estilo neohistoricista en Asturias y la obra cumbre del arquitecto Federico Aparici y Soriano (1832-1917, titulado en 1854), profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, quien, en este caso, contó con la colaboración del arquitecto Mauricio Calvo.

Pero su acertada erección en el privilegiado cerro de El Cuetu, entre el monte Auseva y el Ginés, fue posible tras fracasar el ambicioso proyecto de templo monumental al pie mismo de la Cueva realizado por Ventura Rodríguez en 1780, después de que un incendio acabara en 1777 con la capilla del Milagro instalada en la santa gruta. El apoyo de un Carlos III deseoso de realzar, definitivamente, un lugar tan simbólico para la Monarquía española, no fue suficiente; varias circunstancias, como su desmesurado coste o la firme oposición al mismo por parte de los canónigos de Covadonga, partidarios acérrimos de la reconstrucción del templo en la Santa Cueva, paralizaron, en 1792 y para siempre, las obras iniciadas en 1781. Hasta entonces sólo se había conseguido explanar la primera de las terrazas sobre las que se iba a asentar la basílica y canalizar las aguas que brotaban de la roca junto a la Cueva. Ventura Rodríguez, quien había nombrado director de obra al gran arquitecto asturiano Manuel Reguera, aventajado discípulo y colaborador suyo en nuestra región, diseñó un extraordinario edificio, muy suntuoso a la vez que parco en decoración, compuesto por una parte baja, de planta cuadrada, reservada a templo de Pelayo, y una alta, de planta circular, cubierta por cúpula y con pórtico que alojaría a la Virgen.

Abandonado el proyecto, se perseveró en la idea de una majestuosa obra. Así, el obispo Benito Sanz y Forés, impulsor de la restauración de la Real Colegiata y la Cueva, encarga el diseño al erudito alemán Roberto Frassinelli, arqueólogo y excelente dibujante, afincado en Asturias y conocido popularmente como el alemán de Corao. Éste pensó en un grandioso templo, evocador de las grandes catedrales alemanas del XIII, que exhibía tres naves y cuatro torres, dos en la cabecera y las restantes en la portada. Los trabajos comenzaron solemnemente en 1877 contando con la presencia de Alfonso XII. Era necesario proceder al desmonte de El Cuetu, a su aterrazamiento; y precisamente esta labor desbordó a Frassinelli y su plan. Hacía falta un profesional titulado, con más conocimientos técnicos y menos imaginación. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a través de su Comisión Provincial, y la Sociedad Central de Arquitectos, en Madrid, presionan al alemán. Llega, entonces, la fulminante decisión tomada por el nuevo obispo, el dominico asturiano Ramón Martínez Vigil, de sustituirlo por el arquitecto Aparici en 1884, quien ultimó su proyecto en 1886.

La aportación de Frassinelli se limita a la traza del almenado pretil de la explanada de El Cuetu y a la realización de la trabajada cripta, cuya dirección asumió desde su comienzo en 1877 hasta su consagración en 1891. Es ésta una capilla neorrománica, con luz natural lateral, donde se abren ventanas divididas en tres huecos por columnas, y portada de doble arquivolta, «todo en sillares de caliza marmórea de tonalidades rojizas de las canteras de Peñalba» (varios autores, Guía de Asturias, Oviedo 1992). En el interior pueden verse el panteón de los marqueses de Pidal y un altar de mármol fechado en 1915.

Aparici, por su parte, modifica los planos, respetando el estilo, la verticalidad y la distribución en tres naves con crucero; en cambio, desechó la idea de construir las dos torres previstas por Frassinelli para la cabecera y buscó inspiración en lo francés, más concretamente en las catedrales románicas de Normandía. Las obras de este lugar de culto, cuya fábrica es toda de piedra rosácea procedente de los alrededores, se reanudaron en 1887. El 7 de septiembre de 1901 es la fecha de su consagración; poco tiempo después el papa Pío XIII elevó el nuevo templo a la categoría de Basílica. El resultado es una construcción de planta de cruz latina con tres naves, rematadas por triple ábside escalonado, más alta la central, cubierta con bóveda de arista y separada de las laterales mediante una sucesión de arcos. El crucero, de igual altura que la nave más esbelta, finaliza en bóveda de crucería. Sobre el arco del triunfo figura un tímpano adornado con dos escudos de grandes dimensiones custodiando un Cristo crucificado. Dos torres de cuarenta metros de altura flanquean la fachada principal, con pórtico de triple arco donde están los bustos de los obispos Sanz y Forés y fray Ramón Martínez Vigil, artífices de lo realizado en Covadonga, ambos creación del escultor valenciano Mariano Benlliure.

Ya en el interior, cabe destacar, a la derecha del ara del altar y expuesta sobre un pedestal, la bellísima imagen de la Virgen, debida a Samsó; en el presbiterio, el lienzo de la Anunciación, pintado por Vicente Carducho (h. 1576-1638) y el de la proclamación de Don Pelayo en Covadonga, obra de Luis de Madrazo en 1856, así como el espectacular órgano, de reciente incorporación.


Ubicación:


Dirección postal: Lugar Covadonga, 45. 33589 Cangas de Onís. Asturias (España)
Dirección digital: 8CMP8WW7+WH